Los niños dicen que no

31 mayo, 2017

Cuando un niño dice «NO»

Sonia Hermida

¿Qué pasa si tu hijo no quiere darle un beso a esa amiga tuya que le acabas de presentar? ¿Y si se niega a prestarle sus juguetes a esa niña tan simpática del parque? Hoy me pregunto por qué no respetamos los NO de los niños y qué pasaría si nosotros nos enfrentásemos a situaciones similares. ¿Diríamos que sí a todo? Prestaríamos nuestras cosas y besaríamos a perfectos desconocidos sin más? Señoras, señores, es una cuestión de respeto, ni más ni menos. Yo respeto a mis hijos porque quiero que ellos me respeten a mí. ¿Y tú?

¡Pepito, dale un beso a esta señora tan simpática!… NO

Vamos, cariño, comete dos cucharadas más, que no has comido nada… NO

No entiendo por qué te molesta tanto. Tienes que compartir. Déjale tu muñeco a este niño tan majo… NO

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define NO como un adverbio que expresa negación.

Por suerte, los niños/as pequeños/as aprenden a decir NO antes que a decir que sí. Todas/os nos hemos reído en más de una ocasión con la imagen de un bebé persistiendo en mover su graciosa cabecita de un lado a otro y balbuceando algo que se parece a un «NOOOO» ante cualquier pregunta o propuesta de sus padres. Tiene que ser así. La naturaleza es sabia. Aprender a decir no es más necesario para sobrevivir que aprender a decir que sí. Es un mecanismo de defensa ante lo desconocido.

¿Qué sucede entonces cuando pasan los meses, nuestro peque ya aprende a andar y a hablar y nos responde que NO ante propuestas como las del principio? Pues que nos echamos las manos a la cabeza, nos agobiamos, queremos que nuestro hijo o nuestra hija sean sociables, que se alimenten debidamente o que aprendan a compartir y sean amistosos. Bien, esto es comprensible, por supuesto pero, ¿y qué pasa con el respeto por nuestros hijos y sus decisiones y sentimientos en situaciones en las que se sienten invadidos?

Los No de los niños

Si necesitan su espacio, déjaselo

¿De qué tipo de NO estamos hablando? Pues de aquellos que son perfectamente razonables dentro de la vida diaria. Ejemplo práctico:

Cariño, hay que recoger la sala…. No quiero————-Obviamente, este NO sí tiene que ser rebatido y debatido. No podemos aceptar que no se respeten las normas.

Venga, dale un besito a la tía Juana, no seas arisco…NO———-¿Cuál es el problema? ¿Acaso a tí siempre te apetece darle un beso a todas las desconocidas que te encuentras por la calle? Porque, no nos engañemos, esa señora que tu madre te acaba de decir que es la reina de las risas, en tu opinión de niña de tres años, tiene cara de pera y la piel de pergamino. No ha jugado nunca contigo y no tienes ni el menor impulso ni deseo de besarla y abrazarla. Es absolutamente normal que así sea. De lo contrario podríamos pensar que nuestros hijos se irán con la primera señora que pase y les regale una sonrisa. Nadie quiere que pase eso, ¿verdad?

Comprenderles cuando reafirman su espacio y simplemente manifiestan su necesidad de estar solos o de no demostrar cariño por personas a quienes no conocen de nada es un derecho, ¿no te parece? ¿O acaso a ti te gusta cuando un desconocido invade tu espacio? ¿No te sientes violenta si alguien te besa o abraza sin tu consentimiento?

Vamos a bañarnos, cariño, estás hasta arriba de barro…. No me gusta bañarme, no quiero——-Todo depende de lo que te importe la suciedad (hay sociedades que son mucho más permisivas con la suciedad que la occidental) pero lo lógico es que esa conversación termine con el niño en la bañera o la ducha SÍ o SÍ.

Venga, mi niña, que llega el avioncito, abre la boquita y come cinco cucharadas más…. ¡No quiero. Ya no tengo más hambre!————En este tipo de situación no hay una única respuesta válida. ¿La niña lleva horas sin comer? ¿Su salud es buena? ¿Necesita un especial aporte de nutrientes por algún motivo médico? ¿Está deshidratada o en riesgo de llegar a estarlo? Si la respuesta a todas estas preguntas es NO, entonces no hay ninguna necesidad de machacar a tu hija forzándola a comer unos bocados que no le apetecen ayudando a que estabezca una relación negativa con la comida.

Venga, Manu, déjale tu coche a este niño, que sólo lo va a usar un ratito. Hay que compartir… No me apetece. El coche es mío y no quiero que lo coja———Es posible que ya hayas leído o escuchado alguna vez esta analogía pero nunca está de más recordarla. ¿Le dejarías tu móvil, tu bolso, tu abrigo a una persona a la que acabas de conocer en la calle? ¿Así, sin más? Yo lo haría después de practicarle un tercer grado sobre sus motivaciones, eso te lo aseguro… No tengo nada más que añadir, señoría.

Porque, no nos engañemos, otra cosa es que tu hijo/a no comparta ni uno de sus juguetes con su hermana, con sus compañeros de clase o con amigos de toda la vida, pero que no quiera prestar todas sus cosas me parece la prueba de que está desarrollando un sentido común aplastante.

Los NO de los niños

Entonces. ¿dónde están los límites? ¿Cuándo debemos respetar los No de los niños?

En el sentido común, la seguridad y las normas que tú establezcas con tu familia. Si para vosotros es importante que todo esté recogido, todos los miembros de la familia tienen que respetarlas. De lo contrario, no serían vuestras normas.

Y, en cambio, ¿por qué debemos respetar el NO de los niños?

Pues justamente por eso, POR RESPETO. Y no hablo de caprichos o pataletas, insisto, siempre en situaciones en las que nadie se vea afectado de una manera vital. Menospreciamos el NO de nuestros hijos continuamente y así les ninguneamos, les degradamos a ciudadanos de segunda porque aún tienen mucho que aprender (¡pues como nosotras, que aprendemos de ellos a diario!).

Sus NOes son su forma de autoafirmarse como individuos frente al mundo. Durante sus primeros meses de existencia, los niños/as no tienen conciencia de ser un ente individual, se sienten parte de su madre, de su familia. Poco a poco se van descubriendo como seres independientes y su autoafirmación negándose a hacer aquello que no les apetece es una parte más del proceso.

 

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