Queremos que nuestros hijos sean felices

14 marzo, 2018

¿De verdad queremos que nuestros hijos sean felices?

Sonia Hermida

Hoy te invito a reflexionar un poco sobre el significado real de algunos términos y sobre lo que realmente queremos decir cuando afirmamos que queremos que nuestros hijos sean felices. ¿Qué es la felicidad? La felicidad no es, no puede ser un estado de ánimo permanente. No quiero que mis hijos caguen confetti y se rían eternamente. Eso sería desearles el mal. La felicidad es una búsqueda constante, es un equilibrio entre las diferentes emociones que necesitamos sentir, cómo y cuánto lo hacemos.

Si hay algo que creo con firmeza es que en esta vida es imprescindible hacerse preguntas continuamente. Incluso sobre aquellas cosas que creías tener absolutamente claras. No se trata de cuestionárselo todo, entiéndeme. No podemos vivir en la incertidumbre constante, pero sí creo que podemos y debemos darnos un tiempo para pararnos a pensar. Sí, sí, PENSAR. Y hoy tocaba pensar sobre esa frase escuchada una y mil veces de la boca de cualquier padre o madre: «Yo, lo que quiero es que mis hijos sean felices«.

Hace unas cuantas semanas veía este vídeo publicado por El País con Mar Romera, docente, autora de varios libros y experta en inteligencia emocional. Lo curioso del caso es que vi dos versiones diferentes de este vídeo. Una muy cortita, un resumen que me chirrió por todos lados y la otra, esta, un poco más larga sí (algo más de 5 minutos), pero que merece la pena.

Mar Romera da con la clave de la cuestión. ¿Es malo desear que tus hijos sean felices? En mi opinión NO. ¿Más de la mitad de la población tiene una concepción absolutamente errónea de lo que es la felicidad y ser felices? Claramente, la respuesta es SÍ.

Vayamos a las fuentes. Según el diccionario de la RAE, «felicidad» es un sustantivo que se identifica con «Estado de grata satisfacción espiritual y física». Mar Romera afirma que no es un estado, sino una búsqueda. Yo, desde mi pequeño lugar en el mundo, combinaría ambas definiciones para tratar de atinar con lo que buscamos.

¿Ser felices significa estar siempre contentos? Está claro que eso es imposible y nada deseable. Ningún ser humano puede ni debe permanecer en un único estado de ánimo durante toda su vida. Se perdería todas las otras emociones que son necesarias para sobrevivir y evolucionar. Necesitamos el miedo para sobrevivir, necesitamos la ira para sacar adelante todas nuestras fuerzas en un momento dado y salir adelante, incluso necesitamos la tan denostada tristeza para expresar todo eso que nos está reconcomiendo por dentro y que, si se queda ahí, podría acabar derivando en una enfermedad mental, una depresión, etc, etc, etc…

Además, como cuenta Mar en el vídeo, si algo tiene la dopamina es que resulta adictiva y, si hoy necesitas un poco, mañana, ese poco no será suficiente para estar contenta y, como el niño sobrerregalado, toda esa tonelada de dopamina acabará pareciéndote un aperitivo.

Lo tenemos claro y Mar Romera nos lo recuerda en esta vídeo. Necesitamos todas las emociones y ninguna de ellas es realmente buena ni mala. Se trata, como ya hemos dicho en otras ocasiones, de aprender a gestionarlas y modularlas en cada momento. Pero, entonces, ¿qué significa para mí desear que mis hijos sean felices?

Si me preguntas si soy feliz te diré que SÍ. Un rotundo sí con mi cara más triste o mi expresión más iracunda. Sí porque, en mi humilde opinión de buscadora, la felicidad está en el equilibrio, ese tan difícil de mantener en todo momento, pero siempre deseable. No soy feliz al 100% el 100% del tiempo, pero creo que sí es deseable, para mí y para los míos ese equilibrio.

Si me preguntas si quiero estar contenta todo el tiempo, seguramente tendría la tentación de decirte que sí. Y con muchísima probabilidad la tentación se incrementaría si me preguntas si quiero que mis hijos estén contentos todo el tiempo. Tendría que pararme un minuto antes de responderte. Pero la respuesta final sería NO. A pesar de que yo también corro a protegerles cuando me parece que están en peligro, a pesar de que yo también he caído en la trampa de decirles alguna vez la socorrida frase de «no pasa nada, no llores». Ahora sé que sí pasa, sí lloramos, lloran, lloraremos, nos sentiremos en ocasiones incapaces de levantarnos del sofá en el que nos hemos arrellanado para tratar de buscar un refugio y tan enfadados con el mundo que querremos hacerlo añicos.

Ver el mundo pasar

A veces, la vida simplemente va de ver el mundo pasar

Nos empeñamos en llenar sus vacíos como si no tuviesen su razón de ser, como si la ausencia no tuviese una entidad propia. Nos lanzamos a anular los silencios con nuestros besos y nuestras gracietas como si la ausencia de sonido no fuese una realidad mucho más tolerable e incluso necesaria que el ruido ensordecedor. Nos empeñamos en llenar sus horas de propuestas de ocio y actividades para que no se aburran y se descubran a sí mismos, para que vean en qué son buenos. Llenamos, animamos, cantamos, incluso, a veces, sin quererlo, anulamos su búsqueda, no satisfechos todavía con entorpecerla.

Un vacío, un silencio, una mesa despejada pueden ser el inicio de la mayor de las pasiones, del mejor de los descubrimientos y de la más maravillosa de las obras de arte. Mientras que un espacio atestado y lleno de interferencias puede entorpecer el desarrollo de algunas habilidades básicas en el desarrollo.

¿Es malo sobreproteger a nuestros hijos? Por supuesto. ¿Es malo tratar de llenar sus vacíos continuamente? Digamos que no es lo mejor que podemos hacer. ¿Es malo desear la felicidad para tus hij@s? La respuesta, a la gallega, «depende». ¿Tú qué entiendes por felicidad?

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