El secuestro de la bibliotecaria

25 marzo, 2020

El secuestro de la bibliotecaria o cómo los libros pueden curar virus y salvar cuarentenas

Sonia Hermida

El don de la oportunidad no es algo que se pueda gestionar, más bien, debemos dejarlo en manos del destino. Que un libro caiga en tus manos en el momento preciso, ni antes ni después puede llegar a suponer la diferencia entre el triunfo y el fracaso, el acierto y la decepción.

Sin lugar a dudas, “El secuestro de la bibliotecaria”, de Margaret Mahy, acompañado de las ilustraciones de Quentin Blake y publicado en el año 1978 ha caído en mis manos, 42 años más tarde, en marzo de 2020, en el momento más apropiado. Te cuento por qué.

Ficha técnica:

El secuestro de la bibliotecaria, de Margaret Mahy, con ilustraciones de Quentin Blake. Editado en España por Alfaguara en 1994. Primera edición del libro en inglés, 1978. Traducido por Miguel A. Diéguez.
Colección Próxima parada, tapa blanda. 46 páginas.

Ernestina Laburnum, la bella bibliotecaria, es secuestrada por unos feroces bandidos para obtener un rescate del Ayuntamiento. En lugar de eso, lo único que consiguen es contraer la varicela y terminar encerrados en cuarentena, al cuidado de su jefe y de la propia Ernestina. Se fragua así una especial relación entre la joven y los no tan malos malhechores, alimentada por las historias que ella misma les narraba en su encierro y que ellos ya necesitarán de por vida.

 

Un virus, una cuarentena, una administración que tarda en tomar decisiones efectivas… ¿os suena de algo? Lo que yo decía, el momento perfecto para leer este relato y para recordarnos que los libros son los mejores aliados en tiempos de confinamiento.

Este libro, publicado en inglés en 1978 por la neozelandesa Margaret Mahy brilla con luz propia en las bibliotecas de 2020 gracias a la atemporalidad de un relato que mezcla con habilidad bienvenidos malhechores, pasiones literarias y altas dosis de humor.

El secuestro de la bibliotecaria

El policía tratando de llevarse al bandido, camuflado como libro en la biblioteca

Y es que la autora sabía bien de lo que hablaba porque fue bibliotecaria en su Nueva Zelanda natal durante dos décadas. Años en los que combinaba su trabajo con la autoría de relatos de ficción, fantásticos, cuentos y novelas para adolescentes y adultos. Muchos de sus libros son difíciles de conseguir actualmente en España pero los que han mantenido un mínimo de ventas en los últimos 10 años todavía se pueden conseguir en bibliotecas y en alguna librería. Los más conocidos: Cocodrilo cuesta abajo (una colección de disparatados relatos infantiles), Debajo del sillón (un título en rima para los más pequeños), El disparate pirata (el que más semejanzas tiene con la historia de los bandidos y la bibliotecaria Laburnum, sin duda) y varios títulos para un público de mayor edad como Al borde del acantilado o Dedos en la nuca.

Leer “El secuestro de la bibliotecaria” y pensar en los mundos de Roald Dahl es todo uno, pero no sería justo si dijese que este libro vampiriza ninguno de los títulos del genial escritor británico. Sin embargo, las conexiones se multiplican. Para empezar, comparten ilustrador, el siempre atinado Quentin Blake, que dota de vida las aventuras de los bandidos amantes de los libros y su adorada bibliotecaria. Su trabajo nos presenta desde un primer momento a un grupo de bandidos que sabemos que no podremos odiar, destacando en su trabajo el contraste entre esa primera escena con forajidos con cuchillos en la boca y la segunda, con su caras repletas de granos y una bibliotecaria que abandona la cara de terror por el gesto de superioridad.

Para continuar, tanto la historia, como los personajes, llenos de ternura y humor, podrían ubicarse (aunque en términos bien diferentes) en las historias de Dahl. Me imagino a una Ernestina equipando a Jim con libros informativos antes de irse a la fábrica de chocolate o a los bandidos ayudando al SúperZorro en su aventura delictiva.

Y, sin embargo, esta historia cuenta con una personalidad propia que marca distancias con los mundos creados por Dahl. Detallo algunos de estos elementos:

Su exquisita mirada inocente (ese policía que se marcha corriendo a casa a buscar su tarjeta de la biblioteca para poder llevarse al bandido “transformado” en libro y colgado literalmente en una estantería; esos bandidos que aceptan con resignación el encierro que les impone Ernestina para curarse de la varicela…).

Su humor absurdo (que nos parece absolutamente lógico), que no llega a ser nunca tan descarado y gamberro como el de Dahl, sino que opta por acariciar con tiernas carcajadas. Como las que se asoman a nuestras bocas cuando la orgullosa bibliotecaria afirma que tomarse en serio a un ladrón no es algo que forme parte de las labores de una bibliotecaria, o cuando descubrimos que el nombre secreto del jefe de los bandidos es Bienvenido Bienhechor (el pobre hombre se ha visto arrastrado a una vida de crimen por tratar de luchar contra su destino); o esa que se nos dibuja cuando el policía acepta con resignación que haya lista de espera para llevarse prestado al bandido como cualquier otro libro de la estantería de la letra B.

El secuestro de la bibliotecaria

El bandido, salvando a la bibliotecaria tras el terremoto

Imposible también pasar por alto la escena del Ayuntamiento, que combina con maestría las dosis de humor para el lector infantil y las claves que nos arrojan a los adultos sobre un Consejo Municipal que, como “quería que las cosas se hicieran bien” acaba paralizado hasta que la Comisión de Cultura tome una decisión. Una muestra de relato preparado para ser interpretados en distintos niveles de lectura por adultos y niños.

El secuestro de la bibliotecaria es un relato sencillo y tierno no exento de retos para los jóvenes lectores ni de sorpresas para amantes de géneros tan complementarios como el de aventuras o los cuentos tradicionales. Y eso es justamente lo que lo convierte en un relato maravilloso, su perfecta combinación que envuelve y se cierra con esa biblioteca “fantástica y salvaje” en la que los bandidos se han reinventado como bibliotecarios y cuentacuentos. Esa bibliotecaria que, en realidad, “tenía más de bandida de lo que nadie había sospechado”, esa pregunta universal de si somos tan malos o tan buenos como nos pintan, si, quizás, detrás del pañuelo de un bandido se esconda un poeta soñador, si la serpiente tiene que ser realmente malvada y las princesas bondadosas, porque alguien lo escribió así un día o, si, quizás, haya otros posibles finales para muchos relatos.

Por añadir todavía una nueva lectura a este relato del que no se desperdicia ni una coma, recordar que la historia cierra el círculo de forma perfecta. Primero es la bibliotecaria quien salva a los bandidos metafóricamente con sus relatos. Después los salva realmente de la policía para después ser salvada también físicamente, tras el terremoto y metafóricamente a través de esa nueva biblioteca salvaje y llena de vida.

Del amor por las bibliotecas, libros, bibliotecarias y otros animales…

Buceando en busca de documentación para hablaros de este dulce relato, me encontré con varias listas de libros que se han convertido en auténticos homenajes a las bibliotecas y sus trabajadores. Os dejo por aquí la más completa sobre el papel de las bibliotecarias (hay muchos bibliotecarios, pero siguen siendo minoría) en la literatura infantil. Animales, magia y mucho amor por los libros en esta selección en la que no puedo dejar de destacar “León de biblioteca”, una historia sobre la tolerancia, la convivencia y el amor por los libros que, sin duda, también es una buena lectura para estas semanas en las que necesitamos encajar nuevas formas de vida en nuestra rutina de confinamiento.

La gran pregunta es, ¿seremos capaces de dejar que los libros salven el mundo?

Para saber más sobre Margaret Mahy leer el artículo en Imaginaria.

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