Somos raros

29 septiembre, 2017

Elogio de la anormalidad

Sonia Hermida

Somos una familia muy poco normal, y a mucha honra. Así que ya me he cansado, y mucho, de escuchar una y otra vez la famosa frasecita.: "es que esto no es normal". Lo normal no tiene por qué ser necesariamente bueno y lo anormal, en esencia, no tiene absolutamente nada de malo. Vente a tomar un café o una caña y reflexionar un rato conmigo.

Somos raros… ¿y qué? Una familia muy poco normal, según como se mire. Seguro que hay quien nos llamaría «freakies» e incluso «anormales». ¿Qué implica eso?

Es «normal» que un niño esté nervioso a principio de curso, escuchas… Es «normal» que esté enganchado a las pantallas. Vivimos en la sociedad de la información, mujer… Es «normal» que una niña de tres años quiera estar con sus padres en lugar de en el cole… Es «normal» que se tomen decisiones impopulares en épocas de crisis… Es «normal».

La escuchas tantas veces que, realmente te llegas a creer que todo eso es «normal». No te chirría. Tu cerebro la ha incorporado a su «normalidad» y no te salta la señal de alerta hasta que un día descubres que la línea, esa línea invisible entre la «normalidad» y la «anormalidad» está tan borrosa que no sabes verla ya. Quizás necesites unas gafas nuevas… O quizás simplemente necesitemos una nueva perspectiva del mundo.

Como explica maravillosamente bien Carmen Saavedra, en su blog Cappaces, la normalidad suele ser una cuestión de estadística. Es decir, si un 40% de la población se mordisquea el pelo o las uñas al ponerse nervioso tu «manía», «costumbre» o como quiera que se desee llamar a ese hábito, está de este lado de la línea. Pero si resulta que sólo un 4% de la población mundial se muerde una mano al ser incapaz de controlar sus emociones, entonces, amiga, ya has cruzado la línea de no retorno.

Y en este caso concreto no existe duda, morderse una mano es infinitamente peor que morderse el pelo (duele más), pero ¿y si cambiamos el ejemplo? ¿Por qué tendría que ser malo (recurriendo a un ejemplo cercano) cantar cuando hablas y no lo es hablar a gritos? Y no me digáis que no habéis incorporado a vuestra normalidad los gritos porque entonces vivís en otro universo 🙂

Lo malo en esta vida, queridos amigos/as del revés no es ser normal o anormal. La cuestión está (calavera en mano, como si de una reflexión del príncipe Hamlet se tratase) en la percepción social que se ha construido alrededor de estos términos.

Normal: Bueno. Anormal: Malo.

La sociedad en la que vivimos identifica «normalidad» con cualidades positivas, esas que hacen de la manada una maquinaria con un engranaje perfecto. Esa misma sociedad asocia a «anormalidad», a todo lo que se salga de las medias estatísticas cualidades negativas, disruptivas, esas que rompen la «tranquilidad» .

Pues no, señoras, señores. NIEGO LA MAYOR. Y no lo hago por ser del revés, ni por ser la orgullosa mamá de dos personitas claramente anormales (cada una en su estilo). Y contraataco con una pregunta que se hacía mi amiga Paula Verde y que nos hacemos día a día todas las familias diversas: ¿qué es lo normal y qué es anormal? Sí, vale, además de la dichosa frecuencia estadística… ¿quién decide dónde está el límite, esa frontera invisible?

Os aseguro que Albert Einstein no era un ser humano normal. ¡Maravillosa anormalidad!

Marie Curie, Sócrates, Ypatia, Aristóteles, Rosa de Luxemburgo, Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, Federico García Lorca, Virginia Wolf… todos/as seres humanos indiscutible y maravillosamente anormales. ¿Quién es la guapa o el guapo que se atreve a negar la maravillosa huella que han dejado en la humanidad?

Mirar con ojos inocentes

Una mirada inocente puede ser la única manera de no ver nada malo en lo diferente

¿Qué sería del mundo sin la anormalidad? Lo mucho o poco que hemos conseguido evolucionar, señoras, señores, ha sido en buena medida gracias a los que han decidido salirse de las normas, a los que han luchado desde sus propias barricadas  de diferencia científica, literaria, de lucha por los derechos civiles, sea cual sea…

No eliges tener hijos «normales», «anormales», «freakies», «aburridos» o incluso «paranormales», olvídate, de esa posibilidad. Pero sí puedes transmitirles un mensaje claro y directo: SER DIFERENTE NO ES MALO. Salirse de «lo normal» puede ser necesario y muy positivo.

Ser creativo/a, esa competencia tan demandada hoy en día en cualquier ámbito laboral. Todos/as queremos ser creativos/as… ¿Y qué es ser creativo, sino la capacidad de salirse de la norma? ¿La habilidad de ver los problemas desde una nueva perspectiva para buscar así nuevas y sorprendentes soluciones?

No sé si es normal que mi hijo, al ver la agenda del cole de su hermana, diferente del resto, hecha con dibujitos para que ella la comprenda bien, haya querido hacerse una igual. No sé si es normal que mi hija golpee todos los objetos metálicos que se encuentra en busca de nuevos sonidos musicales. No sé si es normal que mis hijos se pongan ropa «de niña» o «de niño» sin importarles mucho las etiquetas… O, mejor dicho, no me importa demasiado si la sociedad lo ve como normal o anormal. Me importa que ellos crezcan formándose un criterio y personalidad propias, sin vivir la vida que la sociedad decida que es «normal».

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