Las madres útiles

2 octubre, 2017

Las madres útiles

Sonia Hermida

Aún estoy ahí, en el agujerito, respirando y empezando a sacar cabeza. Espero, por lo menos, seguir convencida de que soy una madre útil, o al menos me empeño en serlo. En quererles por lo que son, en no pretender hacer de ellos unos seres a mi imagen y semejanza, en acompañarles y tratar de que se lancen a volar por sí mismos.

Es más que probable que hayas leído el post de Roy Galán en facebook sobre las madres útiles. Cientos de miles de personas lo han hecho. Más de 236 lo han comentado y más de 2.000 lo han compartido. Te animo a que te sumes a esa cifra. Y lo hago porque, desde que lo leí yo no hago más que preguntarme, ¿soy una madre útil? ¿Realmente acierta en su dibujo de la utilidad maternal?

«Mamá, papá, vosotros me decís cosas que pensáis que están bien. Pero son cosas que están bien para vosotros y esa es vuestra vida. Yo tengo que decidir sobre mi vida«. Una frasecita como esta nos espetó el peque del revés hace apenas unos días. Os prometo que no estoy exagerando ni inventándome nada. Tal cual. Mudos nos dejó.

Ya os he comentado en más de una ocasión que en la casa del revés no seguimos ningún método de crianza o educación concreto. En realidad utilizamos muchos. Cogemos de cada uno la parte que más que nos interesa, aquella que nos encaja mejor en nuestro día a día y así seguimos avanzando. Lo que sí tenemos claro es la importancia básica de potenciar la autonomía e independencia de nuestros/as hijos/as.

En el caso del peque del revés, creo que ya tenéis claro que lo ha pillado, ¿no? Día tras día, mensaje tras mensaje de autoempoderamiento y ánimo. ¡Tú solito! ¡Tú puedes! Con 5 años hemos conseguido que sea él quien nos diga que quiere seguir avanzando sólo, lo ha captado. Sabe cuál es el camino. Y aunque nos cueste a veces, tendremos que seguir dejándole que lo camine él, cada vez más en solitario.

Las madres útiles

Permitir que se suelten de nuestra mano es difícil a veces

En el caso de la peque, una menor con dependencia en toda su jornada, la situación cambia mucho y el papel de una madre o un padre que trata de reforzar en la medida de lo posible la independencia y la personalidad propia de su peque se hace un poco más cuesta arriba. Tanto que, aunque tengamos clara la hoja de ruta, hay días como los que estamos viviendo este último mes, en los que necesitas parar a respirar, observarlo todo con un poco de perspectiva y reflexionar.

La vuelta al cole, cuando inicias una nueva etapa escolar que implica muchos cambios puede ser muy dura. Si no entiendes lo que está sucediendo además, el problema se agrava. Eso sin descartar otras molestias fisiológicas que se sumen al cuadro…

No escribo este blog para lamentarme ni llorar un rato (no aportaría nada en ese caso), pero en estas semanas que están siendo especialmente duras para nosotros, he pensado que, quizás, si abría un poco mi corazón, podría ayudar de alguna manera a tantas otras madres útiles que tratan de levantar cabeza como pueden día a día. Ya os he soltado más de una parrafada en otras ocasiones en este blog, mamás, pero es que tenemos más de uno, de dos y de veinte momentos malos, de esos en los que lo echarías todo por la borda a golpe de lunes.

Y no, no tengo la respuesta para todas tus preguntas. No sé cuándo vas a salir de ese agujero en el que crees haberte caído. No sé cuándo van a mejorar las cosas. No tengo ni la menor idea de si mañana conseguirás qur todo vaya mejor, que la furia se calme, que tu peque continúe su camino sin mayores tropiezos.

Sé muy pocas cosas, te lo advierto. Si estás por aquí en busca de sabiduría tendré que animarte a que continúes tu búsqueda en un lugar mejor: en tu interior, en tu día a día, en tus hijos/as. Los amigos, los profesionales de la educación o las bloggers podemos echar una mano (en el caso de los profesionales, mucho más que eso), pero sólo tú puedes encontrar la manera de seguir adelante «por su bien». Pero el suyo de verdad, no el tuyo.

Porque, como dice Roy Galán, no se trata de utilizar el amor para justificarlo todo y de avanzar arrastrándoles como si fuesen marionetas. Ese sería el camino fácil. Lo difícil es conseguir dotarles de las herramientas apropiadas para que sean ellos/as solitos/as quienes avancen, sin miedo al qué dirán, sin temor a equivocarse porque nosotras estaremos a su lado. Porque el mundo no se termina en el patio del cole, ni el parque en el que nadie quiere jugar contigo o en la ciudad en la que no encuentras tu espacio.

El mundo es de las madres y los padres útiles o, mejor dicho, de sus hijos e hijas. Tiene que serlo.

Así que llora todo lo que te quede por llorar, escucha esa canción que te ayuda a exorcizarlo todo, baila, devora ese trozo de chocolate, sal a correr y salta. Después mira a tu hija/o con la conciencia tranquila y la convicción de que esto también pasará.

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