Bebé que se agarra a su mamá

8 febrero, 2017

Respetemos todas las formas de vivir la maternidad

Sonia Hermida

Soy periodista, como Samanta, tengo aproximadamente la misma edad que ella, una hija y un hijo, como ella, el pelo castaño, como ella... Y hasta ahí nuestras similitudes. No soy nadie para juzgarla ni a ella ni a cientos de miles de mujeres en el mundo que viven y sienten su maternidad a su manera. Y no acabo de entender por qué cada vez que una madre cuenta su experiencia nos escandalizamos y le saltamos a la yugular. ¿Por qué no sucede eso con los padres? Madres del mundo, por favor, ¡no nos equivoquemos de enemigo!! Por cierto, me he leído el libro.

Samanta Villar es periodista, como yo.

Tiene, aproximadamente, la misma edad que yo.

Es madre de un niño y una niña, como yo.

Tiene el pelo castaño (no sé si natural, pero en eso no nos vamos a meter ahora) como yo.

Y hasta aquí la lista de similitudes entre la vida de la autora de «Madre hay más que una» y una servidora.

Yo nunca podría ponerme en tu piel, ni lo voy a intentar.

Yo no puedo sentir lo que ella siente, percibir como ella percibe cada situación, no puedo, ni quiero, ni debo.

Porque somos mujeres diferentes, con procedencias diferentes, hijas diferentes, amigas diferentes, amantes diferentes, madres diferentes.

Por eso, ni la juzgo a ella, ni a la madre que deja de dar el pecho, ni a la que decide dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de sus hijos, ni a la que llora día y noche porque es incapaz de sobreponerse a su tristeza continua, ni a la que es capaz de salir a tomar una copa con sus amigas a los dos meses de parir. En todo caso, les daría un abrazo. Si me lo pidieran. Sólo en ese caso.

Arranco mi reflexión sobre sus polémicas declaraciones en diversas entrevistas concedidas a raíz de su libro y de su propio libro (sí, me lo he leído, me parecía lo mínimo que se podía hacer porque ya estoy harta de leer y seguir polémicas sobre un par de frases que no profundizan nunca en el origen de esas declaraciones) recordando algo que ya escribí en su día: el amor nos iguala. Al menos, así lo veo yo. Llamadme ilusa, pero sigo pensando que así es.

Del resto, Samanta, María, Núria, Uxía, Anna, Loreto, Silvia, Mercedes, Pilar, Carmen, Raquel, Sandra, Olga, Lorena, Loli, Xiana, te llames como te llames. ¿Quién soy yo para juzgarte? ¿Quién es nadie para hacerlo? ¿Por qué nos empeñamos en lanzar piedras contra cualquier mujer que manifieste públicamente una manera de vivir la maternidad que no encaja con la nuestra? ¿Por qué no sucede lo mismo con los padres? ¿Por qué no respetamos la visión de la maternidad que nos dan otras mujeres? ¿Por qué nos creemos con derecho a montar en cólera porque otra mujer diga algo que se salga de nuestros esquemas?

Hace tiempo había visto este vídeo que me enganchó por completo y sigo estando absolutamente a favor de esta manera de ver la maternidad. Sé que es un vídeo comercial pero… ¿acaso no es posible? Apoyémonos en lugar de juzgarnos porque el enemigo es otro.

 

También este otro…

 

Además, para seros totalmente sincera, y es algo que ya os he contado en más de una ocasión, yo, como millones de mujeres en el mundo, he sentido el mundo hundirse a mis pies en los primeros meses de vida de mis hijos. Me he desesperado, me he agotado, me he rehecho como he podido, he pasado noches en vela, he llegado a pensar «¿pero qué coño hemos hecho? ¿dónde nos hemos metido?» para a continuación deambular por mi casa como una zombie que no recuerda ni dónde tiene la cabeza.

Todas esas cosas que Samantha cuenta en sus entrevistas y en un 4% de su libro son experiencias en las que me siento reconocida y me sorprende pensar que una mujer puede llegar al embarazo sin conocer experiencias como esa. Así que, por si acaso, allá voy, con la verdad por delante, como siempre, con el corazón en la mano. Mi experiencia, la única de la que puedo hablar, la única que podría descibir y compartir.

Durante las primeras semanas y meses después de haber tenido un hijo lo normal es que toda tu vida se centre total, completa y absolutamente en ellos. Esas personitas que acaban de salir de tu cuerpo suelen tener la manía de reclamarte una y otra y otra vez hasta puntos que pueden llegar a exasperar. Descubrirás nuevas formas de perder la paciencia y de cansancio que no imaginabas que existían. Te dolerán los pechos (si optas por la lactancia materna), descubrirás que una hora puede durar un año, que eso que te contaron de que aprenderías a distinguir los llantos de tu hijo en función de cuál sea su motivo puede ser mentira o simplemente tardar demasiado en llegar.

Familia del revés en plena acción

La familia del revés en plena acción. Foto de Fran Ares

Averiguarás que pueden dolerte partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías y que el concepto de intimidad o el pudor pueden estar sobrevalorados. Tengo amigas que se han sorprendido a sí mismas metiéndose el pecho bajo la camiseta al llegar a la calle porque ni siquiera eran conscientes de tenerlo al aire. Tengo otras que afirman que han podido dormir del tirón casi siete horas desde las primeras semanas de vida de su bebé pero, sin embargo, después han terminado desesperadas rogando una hora de sueño cuando les han salido los dientes.

Porque la maternidad y la paternidad son agotadoras, extenuantes. La experiencia más dura e intensa por la que pasarán muchas personas en toda su vida sin duda. Pero la naturaleza, que es muy sabia según dicen, nos ayuda a olvidarlo poco a poco, para que la raza humana no se extinga. Claro que, para conseguirlo, tiene a los mejores ayudantes del mundo. Esos que te conquistan antes de saber emitir ni un sólo sonido, que te atraviesan con una mirada. Los únicos seres humanos en el mundo a los que eres capaz de limparles la caca y besarles al mismo tiempo (hasta que te toque cuidar de familiares ancianos o dependientes, claro). Tienen todas las armas a su favor para convencerte de que merece la pena. La decisión es tuya.

Madre hay más que una, libro de Samantha Villar

El libro

Pero, como comentaba antes, no quería hablar sólo sobre las polémicas declaraciones, así que me he leído el famoso «Madre hay más que una». Si os animáis a leeros el libro de Samanta Villar encontraréis, sobre todo, una descripción de su historia, cómo decidieron tener hijos, sus dificultades para conseguirlo, los procesos a los que se sometieron, su embarazo y su parto. Pero también (y esto es lo que más me gusta del libro, la verdad), os encontraréis con relatos de formas variadas de vivir el embarazo, el parto, la maternidad y la paternidad, los abortos y fenómenos poco conocidos como el de la coparentalidad, entre otros detalles. Eso es para mí lo mejor del libro, sus aportaciones periodísticas en forma de historias diversas, de formas de sentir y de vivir diversas que, al final, responden siempre a un mismo motivo: el AMOR.

Dicho todo esto, last, but not least, que dirían los británicos o americanos, en realidad, las declaraciones de Samantha temo que respondan también a otro motivo que no tiene nada que ver con la maternidad, sino más bien con la venta de libros. Un objetivo absolutamente lícito. Los debates de otro tipo sobre estas razones los dejamos para otro post.

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