18 diciembre, 2015

Vamo a arreglalo, un cuento de Navidad

Sonia Hermida

Te regalo un cuento de No-Navidad una historia real que te hará mirar con otros ojos a tus hijos y todas las posibilidades de aprendizaje que nos ofrecen día a día. El final del cuento aún está por escribir... Tendremos que hacerlo entre todos/as.

Hoy me transformo en émulo de Charles Dickens y te traigo mi versión de un cuento de Navidad pero, como esto es un cuento al revés, la verdad es que no es un cuento, y sucedió realmente y ni siquiera era aún Navidad (pero faltaba poco). Ni ye misma me creo en realidad algunas de las cosas que me suceden pero, esa es parte de la magia de la vida y por eso conté esta historia (que en realidad no es ningún cuento) en mi «otro» blog hace un año.

Ya te conté también hace unas semanas que la peque mayor del revés tiene diversidad funcional, una discapacidad, minusvalía, como prefieras llamarle (recuerda que las palabras importan). La peque no habla (aunque sí emite sonidos y dice algunas palabras), sí se comunica con signos, imágenes y sobre todo con música… tiene dificultades importantes en la comprensión, en la comunicación, en la relación con su entorno y en su concentración, además de limitaciones variadas sólo equiparables as sus posibilidades inmensas para desarrollarse y progresar. Defiendo que las palabras tienen mucha importancia, pero, en este caso, lo más importante nunca es la etiqueta, sino lo que podemos avanzar con ella y lo que la sociedad y nuestros hijos pueden aprender de situaciones como las que nosotros vivimos día a día. Pero esto es un cuento al revés así que sólo te voy a  asegurar que de todo se puede sacar no una, sino cen aprendizajes válidos en nuestro día a día. Cuando menos lo esperas ahí está, a la vuelta de la esquina, esperándote agazapada la vida en los ojos, las manos, las palabras de tus peques.

Y ahí vai una de esas lecciones de vida, de esas que se deberían guardar en un cajoncito para siempre, para recordarla cuando no sabes ni por qué estás aquí, ni a dónde vas. Nos sucedió hace poco más de un año, una noche cualquiera que acabó siendo una noche única porque, a veces, apenas tres o cuatro veces en la vida, el tiempo se detiene y te ves a tí misma viviendo momentos increíbles, como si protagonizases una película, seguramente habrías escogido otro argumento, pero es el que te tocó.

Cada noche, leemos cuentos en la habitación de la peque grande antes de dormir. Cada noche nos damos besos antes de dormir pero, ese lunes fue diferente. Al salir de la habitación, el peque del revés (que en aquel momento tenía 2 años y 5 meses) le dijo a su hermana «vamo a arreglalo, X». Me detuve al instante, muy sorprendida, me agaché a hablar con él y le pregunté de qué hablaba: «¿Qué vamos a arreglar?», pero no me respondió y cambió de tema muy rápido.

Peques del revés, del revés

 

La noche siguiente, martes, al salir de la habitación de su hermana, el peque se despidió de ella de nuevo con un «vamo a arreglalo, X». Volví a agacharme para hablar con él y preguntarle de que hablaba: «¿Qué decías, cariño?», «Vamo a arreglalo, X» (todo esto con un idioma propio del chino de un chiste), «pero, que vamos a arreglar, cariño? de que hablas?», «vamo entende a X» espetó y el tiempo se paró. Nudo en la garganta, en el estómago, en el corazón y en el alma que no se deshizo en varias semanas.

Porque ese niño que usa faldas y horquillas para parecerse a su hermana, ese niño que le hace cosquillas cuando ella quiere dormir, que se cuela en su cama cuando nos despistamos, ese pequerrecho que le canta nanas en la cama, le da mil lecciones de amor, de igualdad, de inclusión, integración y de lo que sea necesario a cualquiera, incluída yo.

 Ese niño que no pregunta casi nada sobre su hermana, pero, tampoco lo necesita porque ya lo entiende todo mucho mejor que el mejor neurólogo/a. Si esto fuese un cuento tradicional ahora te diría que un año después todo se «arregló», pero esto es la vida real y las cosas no funcionan así ni en los cuentos al revés. Vamos por el camino, poco a poco, con paso firme y seguro, pero lento y no sabemos a dónde llegaremos. Sólo sabemos que existe esperanza para la raza humana con generaciones como las que estamos tratando de guiar en este momento. Sé que no soy objetiva, que es mi hijo, pero creo que si cambiamos nuestra mirada por la de los peques aprenderemos de ellos a cambiar el mundo en Navidad y todo el año.

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